3 actitudes indispensables en los adultos que meditan con niños

En estos días que andamos hablando tanto de meditación con niños, no podemos dejar de lado a los adultos. Por lo general, los niños no meditan solos, lo hacen en compañía de sus padres o de algún adulto que les da indicaciones sobre cómo hacerlo. Ya sea a través del ejemplo y acompañamiento, o de una clase. El asunto es, que casi siempre, suele haber un adulto acompañando al niño durante su práctica.

Pues bien, este texto va dirigido a esos adultos. En especial a los que apenas están comenzando a recorrer el maravilloso camino de meditar con niños.

Quiero contarles, sobre algunas actitudes que son importantes de mantener en el proceso.

1. Paciencia

Los niños son diferentes a los adultos. Si aún no están contaminados con angustias y estrés, para ellos el tiempo se mueve de forma diferente. Un chiquito suele no estar preocupado por llegar a ninguna parte o por cumplir un horario. Así que, si el tiempo destinado para hacer la meditación se toma más o menos de lo esperado, para él eso no será un problema. Será simplemente algo que pasó y ya está.

Al adulto le conviene entonces, intentar aprender a vivir el momento presente. Hacer lo posible por entender, que la forma en que se vive el tiempo, cuando hay un niño meditando puede llegar a ser muy diferente a como lo hace un adulto.

Y la paciencia no debe venir solamente alrededor del tiempo. Podrá pasar muchas veces, que al niño se le indique algo que debe hacer y no lo haga. O quizás, lo haga de otra manera, en que al él le parece que esta mejor, le gusta más o le es más fácil. Puede pasar que esa forma tan suya de hacer las cosas sea totalmente opuesta a la indicación que se le ha entregado. Mi querido adulto, ese será otro momento para entrenar la paciencia.

Los niños, en especial los más pequeños, aún están muy conectados con su instinto. A ellos les gusta más, hacer las cosas que les gustan y no las que les dicen que hagan. En el caso de la meditación, eso no significa que el ejercicio no vaya a funcionar, o que esté haciendo mal las cosas.

Que no se nos olvide que en la meditación no existe lo bueno y lo malo, o lo correcto e incorrecto. En los ejercicios de meditación tan sólo se es y se está. Así que, si un chiquito no hace lo que se le indica, en la forma exacta en que se le indica, es quizás porque a preferido hacerlo a su manera.

Imagen de Nick Wilkes, tomada de unsplash.com

2. Flexibilidad

Esta actitud va muy de la mano con la anterior. De la misma forma en que la que sigue también estará relacionada con esta y con la primera. Es que es difícil tener las unas sin las otras.

Cuando hablo de flexibilidad, hablo de desarrollar la capacidad de ver y hacer las cosas de una forma diferente a la planeada. Si como hablábamos antes, el ejercicio resulta no siendo como se esperaba, o no teniendo la duración planeada, puede estar bien intentar probar otras alternativas. Quizás, por qué no, alguna propuesta por el mismo niño.

Como adultos, estamos acostumbrados a hacer las cosas (cualquier cosa en la vida) de una cierta manera “correcta”. Una forma que aprendimos como “buena” para hacer tal o cual cosa. Un método que ya está probado y aprobado por nosotros y por los que nos rodean. Suele ser esa manera la que queremos transmitirle a los niños.

Los niños no siempre quieren aprender esas formas “correctas”. Incluso, en más de una ocasión, puede pasar que su propia forma de hacer las cosas lleve al mismo resultado. Porque es la forma que más les gusta y los hace sentir más cómodos. Aceptar esto en la meditación, nos puede ayudar a liberarnos de la rigidez. Nos puede enseñar a ampliar un poco nuestros límites, permitiendo que veamos las cosas con otros ojos. Unos que tienen una visión más amplia de las situaciones y de la vida misma.

Quizás hasta nos sorprenda encontrar, que somos capaces de desempolvar nuestro espíritu aventurero. Ese que se atreve a probar nuevas cosas, aunque no sean las que están probadas y aprobadas para ser transmitidas. Pero lo más importante, es que es ese que es capaz de reconocer que disfruta haciendo las cosas de una manera diferente. Una que está más conectada con lo que realmente le gusta.

3. Compasión

Con compasión, me refiero a tener la capacidad de no juzgar al otro. De no juzgarnos a nosotros mismos. De aceptar y aceptarnos tal y como somos.

Como te dije antes, en la meditación no existe lo bueno y lo malo, o lo correcto y lo incorrecto. En esa medida, las mejores formas de acción y los mejores resultados son los que mejor le vienen a cada quien.

Es muy probable, que cuando un niño no hace las cosas a nuestro ritmo o como queremos que las haga, no esté pensando en que está haciendo algo bueno o malo. Tan sólo está pensando en hacerlo como quiere, cómo le gusta, como se siente bien. Es decir, está encontrando una mayor conexión consigo mismo. Sin juzgarse, sin analizar sus actos, sin esperar ningún resultado, viviendo el momento presente a plenitud.

Eso no quiere decir, que las indicaciones o el ejemplo que les damos sean buenos o malos. Sencillamente, no son lo que más le gusta o le conviene a él. Y tengo que decirte, que eso es algo que pasa no solo con los niños, también es muy común entre los adultos. Porque todos somos diferentes, a todos nos funcionan y nos gustan cosas diferentes. Quizás lo que pasa es que los adultos las adaptamos de una forma más silenciosa y menos visible. A veces, quizás, hasta nos escondemos para hacer esa modificación.

El niño en cambio, suele no esconderse para expresar sus disgustos o incomodidades. No tiene problema alguno en comenzar a hacer las cosas a su manera, en adaptarlas sin pedir permiso. Porque no cree que esté haciendo algo malo, porque no le preocupa ser juzgado. Porque la única aprobación que le importa es la que se va a dar a si mismo, cuando esté logrando disfrutar la actividad.

Como adultos, podemos intentar no buscar la buena o mala actitud en las acciones del niño. Tampoco debemos juzgarnos a nosotros por no lograr que las cosas salgan como esperábamos o como las teníamos planeadas. Compasión = no juicio. Ni con ellos, ni con nosotros, ni con el momento, ni con la técnica, ni con la situación…con nada. Compasión = aceptación. Aceptarme a mi, al otro, al momento, a la vivencia…Ser capaces de aprender, de disfrutar, de soltar.


Como verás, los niños pueden llegar a ser unos grandes maestros de vida. Meditar con ellos puede ser un proceso muy enriquecedor. Si es tu caso, acéptalo como el gran regalo y la gran posibilidad que es. Precisamente sobre eso, te hablo un poco más en este audio:

Ahora te toca a ti, déjame saber en los comentarios si has tenido que mantener estas actitudes cuando meditas con niños, o si existe alguna otra que tengas que poner en práctica. Recuerda que eso que tienes para contarnos, puede ser la respuesta que alguien más está buscando 😊

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies