¿Desayuno o almuerzo/comida de trabajo?

Realizar reuniones de trabajo mientras desayunamos o almorzamos/comemos, es una opción cada vez más común. Por lo general, se ven como una solución a la “falta de tiempo” de la que todos carecemos en estos días. Porque sin importar cuál sea el oficio al que nos dediquemos, el síndrome de “no me alcanza la vida”, es una enfermedad de la que sufrimos todos. Este tipo de reuniones o actividades extras tiene modelos cada vez más sofisticados y hasta atractivos. Muchos de ellos, hasta hacen pensar que en realidad no se está trabajando, sino que se está participando de un evento que vela por el bienestar de quienes participan en él.

Por ejemplo, en muchos espacios de trabajo, el medio día se ha vuelto el momento ideal para hacer capacitaciones, conferencias, reuniones informales. Estoy segura, que todos los que tienen o hemos tenido vida de oficina en algún momento de nuestras vidas, hemos participado de alguno de estos eventos. Y claro, estas actividades, vienen acompañadas de algo para comer. Así nadie sentirá que se está brincando la hora del almuerzo/comida.

¿Y eso qué tiene de malo?

Pues que se le está quitando al alimento la atención que necesita. Una de las actitudes que se comienzan a desarrollar con la vida saludable, es la de estar más consciente de cada una de las acciones que se realizan. Eso incluye también, la hora de comer. Cuando se ingiere alimento en medio de una reunión, conferencia, capacitación…¿dónde está la atención?

Otro asunto que es bien importante es el de comer con calma. Eso incluye la parte biológica de masticar despacio y suficiente. Pero también, se trata de lograr estar en paz mientras se ingiere el alimento. En la medida en que somos seres vivos que producimos energía, también somos capaces de transmitir esa energía. Si mientras nos alimentamos tenemos emociones fuertes, esas van a influir química y energéticamente en la forma en que el cuerpo va a recibir el alimento. ¿De verdad crees que va a haber una buena absorción de nutrientes si mientras comes estás alterado, emocionado, o hasta enojado?

También está el asunto de restarle importancia a la recarga de energía. Cuando una persona está todo el día metida en una oficina, necesita parar, descansar y recargarse. Eso incluye respirar otro aire, poner la cabeza en otra cosa, y también, conseguir más calorías para que el cerebro y el cuerpo sigan funcionando. Para que esto se logre de forma exitosa, es importante realizar una pausa completa. También es necesario, alimentarse de forma adecuada. Las actividades de oficina del medio día, generalmente suplen el alimento con algo rápido y poco saludable. Casi siempre, se contrata un servicio de alimentación que distribuye alguna comida en una caja o empaque portátil. Y no dudo que los haya, pero hasta ahora, nadie me ha dicho que le encante lo que le dan en esos eventos, es más, más de uno de mis clientes se quejan y hasta se enferman del estómago.

En resumen: en estos eventos se come sin atención, sin calma y, generalmente, de mala calidad.

Imagen de Nastuh Abootalebi, tomada de unsplash.com

El resultado

Lo que puede resultar de todo esto varía dependiendo la persona. Ya sabes que todos somos diferentes. Sin embargo, hay algunas cosas que, seguramente te resultarán familiares:

  • Por estar pendiente de la reunión, no comiste lo suficiente. Así que te quedas con hambre y así te vas a seguir trabajando. Cuando por fin puedes parar y conseguir comida, arrasas con lo que se te pase por el frente, y lo último que se te ocurre es pensar en la calidad de lo que te vas a comer. Tienes hambre y eso es lo único que importa. Lo peor de todo, es que sin querer queriendo, ese se puede volver un comportamiento recurrente, y cuando menos te des cuenta, tal vez tus próximos exámenes de sangre no salgan tan bien, o quizás el pantalón que más te gusta comience a sentirse un poco apretado.
  • Tus días son menos productivos. Te desconcentras con facilidad, haces muchas pausas, no te rinde lo que haces, sientes que estás más lento…Es normal, tu cerebro no ha descansado de forma suficiente, y tampoco recargaste energía con una buena alimentación, así es difícil funcionar bien.
  • Te cansas el doble. No encuentras una explicación lógica para eso, pero solo quieres llegar a tu casa a descansar. Estás muy muy cansado, y aunque repasas lo que hiciste en el día no encuentras la razón, pareció ser un día como cualquier otro. Déjame ayudarte a encontrar la respuesta: se te olvidó que, aunque no somos máquinas (y hago mucho énfasis en eso), en algunos aspectos es más fácil entender tu cuerpo si lo imaginas así. Eso significa, que hay que dejarlo descansar para que no se recaliente, y que hay que meterle combustible de buena calidad para que no se apague.
  • Aunque parezca un poco exagerado, y contario a lo que intentan promover, las actividades programadas que incluyen alimento, disminuyen la socialización entre compañeros de trabajo. Por lo general, la hora de comer es un momento donde los colegas se reúnen y comparten. Si están sentados en medio de una reunión, prestando atención a una charla o reunión, ¿qué interacción van a tener?

¿Y entonces?

En esta misma categoría, entran los que se brincan sus momentos de descanso o alimento, por tomar una clase, hacer ejercicio, o seguir trabajando (“mejor me como algo rápido en el escritorio”). El asunto sigue siendo el mismo: Creemos que no tenemos tiempo. Una falta de tiempo que hemos fabricado nosotros mismos, básicamente, porque le damos prioridad a cosas diferentes a nuestra salud y bienestar. Buena suerte, a quienes en unos años van a tener mucho dinero, pero no lo van a poder disfrutar porque van a estar jodidos y enfermos.

Sólo puedo decir, que la vida es tan irónica, pero a la vez tan justa, que emprendemos acciones que, según nosotros, nos van a hacer más productivos y resultan siendo todo lo contrario. Nos comimos el cuento (hay que agradecerle a la revolución industrial), que trabajar más horas es producir más. Se nos olvidó (o a lo mejor nunca supimos) que no somos máquinas, que funcionamos mejor cuando nos gusta lo que hacemos, cuando nos sentimos a gusto y cuando disfrutamos.

Así que, si tienes la opción de no asistir a una reunión con desayuno o almuerzo/comida incluido, aprovéchala, ¡huye! Mejor vete a comer con tus amigos, descansa, date una pequeña caminata por el parque que queda cerca a tu oficina.

Y si definitivamente no te puedes escapar, crea estrategias para no hacer el momento tan difícil, por ejemplo, lleva tu propia comida, aplica le mindfulness durante la reunión, o a pesar de todo, disfruta. Al fin y al cabo todo es cuestión de elección.

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