El agradecimiento

Quizás te preguntes, qué tiene que ver el agradecimiento con los hábitos saludables y con el bienestar general. Pues déjame contarte que, agradecer es un hábito muy saludable. Que puede convertirse en una herramienta muy poderosa. Una de esas con las que podemos lograr cosas que ni siquiera nos imaginamos.

Los beneficios de la práctica del agradecimiento, podemos sentirlos tanto a nivel físico como emocional y energético. Cuando agradecemos, le damos a nuestro cuerpo una sensación general de bienestar y logramos elevar nuestra energía vibracional. A nivel físico, ayudamos a que se estabilicen esos químicos corporales que nos generan bienestar. Esos mismos que se producen y se balancean cuando hacemos ejercicio, comemos cacao o nos ponemos felices. A nivel emocional, adoptar el agradecimiento como una práctica diaria y constante (igual que la meditación), hace que nos volvamos más compasivos, generosos y empáticos. Nos conecta de forma real con el mundo que nos rodea.

Agradecer así todo vaya mal

Ahí es donde está la parte más importante. Agradecer cuando todo va bien en nuestra vida es muy fácil. No requiere trabajo, no significa ningún esfuerzo. Pero, qué pasa cuando todo se ve oscuro, cuando nada sale bien, cuando pareciera que el universo entero está en nuestra contra. ¿También debemos agradecer?

La respuesta es un rotundo Sí. Es ahí donde esto del agradecimiento se pone más interesante. Agradecer en tiempos de crisis significa, por un lado, recibir las cosas con buena cara. Es algo así como hacerle eco a la frase que dice que no se trata de desaparecer los problemas, sino de aprender a enfrentarlos. Por otro lado, agradecer significa aprender a confiar. Refleja que estamos seguros que todo pasa por una razón. Y que aunque tal vez no lo veamos o entendamos, llegará el momento en que tanta molestia y sufrimiento podrá tener una recompensa.

Se trata sencillamente, de admitir que no vinimos a este mundo a sufrir sino a ser felices. Lo del sufrimiento es algo que aprendemos por el camino, y por lo tanto, también podemos desaprenderlo. Resulta que el agradecimiento es una buena manera de reemplazar las emociones del dolor por las de la felicidad.

Y que quede claro, que no se trata de volvernos conformistas. ¡Todo lo contrario! Se trata de no renunciar, de seguir trabajando por lo que queremos. De confiar en nuestras habilidades para alcanzar nuestros propósitos. Confiar, es ser capaces de ver los errores como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Por todas esas cosas, es bueno agradecer.

El estado permanente

De acuerdo con todo esto que te he contado, agradecer significa mucho más que decir gracias cuando nos hacen un favor (aunque esa también resulta una acción muy importante, los buenos modales no están peleados con los hábitos saludables ;)). El agradecimiento es una actitud de vida. Como te lo decía al principio de este texto, es una práctica diaria y constante.

Algo que es sorprendente, es como aprendimos a llevar una vida con poca cordialidad. ¿No te ha pasado que cuando alguien es muy amable contigo te sorprendes o sospechas? O tal vez eres tú quien realiza un acto de amabilidad, ¿no te miran todos como si fueras un bicho raro? Esto es, porque en medio de tanta violencia y desconfianza, hemos perdido la capacidad de ser cordiales, amorosos y agradecidos. Con nuestros semejantes y con nosotros mismos.

Además, nos acostumbramos a dar por sentadas muchas de las buenas cosas que tenemos. Por esa razón, no se nos ocurre que tengamos que agradecerlas. Tener vida, salud, familia, alimento, vestido, movilidad, techo…No importa si no son los que queremos, si no son lujosos o abundantes. Lo que importa es que los tenemos y que gracias a ellos podemos tener una existencia más cómoda que muchos millones de humanos sobre el planeta. Entonces, ¿por qué no agradecerlo?

Gracias

La ventaja, es que el agradecimiento es como un músculo que se puede fortalecer con la práctica. Así que, con algo de ganas y empeño, todos tenemos la posibilidad de disfrutar de sus beneficios. Voy a contarte algunos de los ejercicios que puedes hacer para entrenar tu agradecimiento. Ten en cuenta que no es necesario que los realices todos a la vez. Escoge el que más te gusta y ponlo en práctica. Recuerda que lo más importante es llevar esa intención a la acción:

1. Medita

Tener una práctica diaria de meditación, te ayuda a conectarte con tu ser interior. Por naturaleza, tú eres generoso, compasivo y agradecido. Aprendes a vivir las situaciones como son, a centrarte en el momento presente, y a agradecer antes que juzgar.

De tanto en tanto, puedes buscar meditaciones guiadas enfocadas a hacer ejercicios de agradecimiento. Eso ayudará a centrar tu atención en el acto de agradecer.

2. Lleva un diario de agradecimiento

Estoy segura que este ejercicio no te es del todo desconocido. Afortunadamente, es promovido en muchas partes. Incluso puedes encontrar propuestas llenas de inspiración para hacer el ejercicio.

Lo único que tienes que hacer, es hacer la tarea de escribir, al final del día, una lista de 5 cosas por las que puedes agradecer. Si te sientes inspirado, tu lista puede ser de 10 items. Lo más importante, es que no te saltes un día sin hacerlo. Y que completes la cantidad de cosas requeridas, incluso si sientes que fue un día terrible y no hay mucho por agradecer. Esfuérzate un poco y vas a encontrar las respuestas.

3. Dale la vuelta a cualquier situación negativa

Esta herramienta es un poco más exigente. Hace necesario que estés consciente en el momento.

Se trata de que, de forma intencional, encuentres algo porque agradecer en las peores situaciones de tu vida. Por ejemplo, si te das cuenta que tu computador se dañó, perdiste todo el trabajo de las últimas dos horas y tienes que rehacerlo. Agradece porque eso te hizo darte cuenta que tu computadora estaba fallando, porque ahora podrás rehacer el trabajo con mayor profundidad y calidad, porque quizás puedas comenzar probando otra perspectiva.

O si tal vez se te quemó lo que estabas cocinando. Puedes agradecer porque eso te llevó a probar una nueva receta, o quizás un nuevo restaurante.

Como estos ejemplos, pueden ser muchas las situaciones en tu vida en que sientes que nada puede ir peor. Es ahí cuando tienes que esforzarte por encontrar el lado bueno y agradecer. Entre más lo practiques, te vas a dar cuenta que cada vez resulta más fácil.

4. No permitas que pase un día sin agradecer

Plantéatelo como un objetivo a cumplir. Si es necesario, lleva un registro de ello. Da las gracias a alguien todos los días.

Si es algo que se te dificulta, puedes poner un número determinado. Por ejemplo, decides que tu objetivo será darle las gracias, todos los días, a 5 personas que hagan algo por ti. Por ejemplo, alguien que te sirva un café, que limpie tu mesa, o que tan sólo te sonría y te alegre el día. Díselo. Reconoce el valor que tiene esa acción en tu vida y agradécela.

Si te das cuenta, que en un día no tuviste ese tipo de interacción con alguien, créala tú mismo. Por ejemplo, haz una llamada a alguien a quien quieras agradecerle algo, o manda un correo dando las gracias. Lo importante es que no pases un solo día sin expresas tu agradecimiento el número de veces que te has propuesto hacerlo.

¿Se te ocurre alguna otra forma de entrenar el músculo del agradecimiento? Cuéntala en los comentarios. Estoy segura que nos encantará conocerla.

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