Las maravillas del cambio y ser cambiantes

Por este lado del mundo, ya los fríos comienzan a hacer su entrada. Afortunadamente, todavía hay sol alumbrando a diario. Sin embargo, ya comienza a hacerse necesario más abrigo, dentro y fuera de casa. Y el frío no llega solo, con él llegan también menos horas de luz, cambios en los horarios, y otras variaciones que alteran la cotidianidad.

Hace unos años, cuando por primera vez me enfrenté a vivir en un lugar con estaciones, sentir que todo cambiaba fue muy difícil. Solía ser una persona rígida, a la que le cuestan los cambios (la verdad es que aún tengo algo de eso). Ahora, después de lidiar no sólo con los cambios físicos sino también con mis emociones al respecto, puedo decir, que tener que cambiar la vida cada tres meses me ha enseñado muchas más cosas que sólo organizar un armario.

La flexibilidad

Sin esa simplemente se hace más difícil sobrevivir. Querer vivir la vida con todo planeado y organizado, sin que nada se salga de la raya que hemos trazado, no la hace más organizada. En realidad, sólo la hace más frustrante.

Cuando comencé a entender que no era necesario que mis planes se cumplieran al pie de la letra para traerme felicidad y satisfacción, todo fluyó mucho más fácil. Comencé a encontrar la felicidad en las pequeñas cosas. Así es, ser flexible me enseñó a sentirme feliz con mayor facilidad.

Entendí también, que todo pasa por alguna razón, y que cuando las cosas no se dan como YO quiero, no significa que sean malas. Por el contrario, la mayoría de las veces, los planes fallidos vienen llenos de mejores resultados y oportunidades de aprendizaje y crecimiento.

Lo que cambió no fueron mis planes, fue mi forma de ver el mundo. Simplemente las cosas pasan, yo decido como asumirlas.

La maravilla de ser cambiantes

Ver como todo a mi alrededor era capaz de adaptarse cada tres meses, me hizo sentir que yo también era capaz de hacerlo. Si se supone que soy parte de la naturaleza, y que esa naturaleza de tanto en tanto se transforma para adaptarse a las nuevas condiciones del ambiente, ¿por qué yo no podía hacerlo también? Reconocerme como parte de mi entorno, me hizo entender que la flexibilidad y la posibilidad de cambio está dentro de mí, es algo así como parte de nuestra información genética. Entonces, ¿por qué no aprovecharlo para viajar más liviana por la vida?

No quiero decir que ahora todo sea color de rosa y ame el frío. Preferir el calor es algo que sigue estando en mis células. Sencillamente, entender y asumir que soy parte de la naturaleza, también me ha ayudado a tener muchas más claras mis diferencias. El mundo es mágicamente variado, y así como hay frutas y vegetales que se dan mejor en ciertas temporadas y con ciertas condiciones climáticas, entre los humanos también estamos los que funcionamos mejor en unos determinados entornos. El mio, sigue siendo el calor. Pero, eso no me quita la capacidad de ser flexible y adaptarme en su ausencia.

En últimas, lo que ha pasado, es que he sido capaz de celebrar mis diferencias para convertirlas en mis fortalezas. A la vez, se ha hecho más clara mi capacidad de adaptación, que entre otras cosas, viene enlazada con la flexibilidad.

Imagen de Antonina Bukowska, tomada de unsplash.com

Respetar los ciclos

En mi casa se repetía con frecuencia un dicho: “cada día trae su afán”. Ahora lo entiendo con más claridad, habla de la importancia de vivir el presente. Un presente que suele estar lleno de variaciones y aspectos cambiantes, porque esa es una de las maravillas de ser humanos. Tenemos ciclos, y vivimos rodeados en un mundo en constante movimiento. Y no me refiero solo al acelerado movimiento que le hemos dado social y culturalmente, me refiero al movimiento natural, al que la vida trae en sí mismo. Ese que a veces no es tan fácil de reconocer.

Para mí, esa fue otra enseñanza de las estaciones. Aprender que tengo ciclos internos. Eso me permitió entender cómo se sienten mi cuerpo y mis emociones en épocas de intenso trabajo, en vacaciones, en los días que estoy menstruando, cuando tenemos visitas en casa, cuando cambia la temperatura…y así, podría seguir enumerando un sinfín de ejemplos de movimientos cíclicos que tenemos en nuestras vidas.

Siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo, parte de ser saludable, es aprender a conectar con uno mismo, aprender a escucharse y a quererse. Eso significa también, conocerse y entenderse como un ser en constante cambio y movimiento.

La vida práctica de un ser cambiante

Por supuesto, entender todo esto tuvo también implicaciones prácticas. No se trató solamente de grandes momentos de despertar y conexión interna, se trató también de saber qué hacer en mi día a día. Lo primero y más importante fue aprender a no casarme con ninguna rutina, incluso si se trataba de una que me hacía muy feliz.

Por ejemplo, y este es uno que para mi significa mucho, te voy a contar de mis caminatas diarias. Ellas se convierten en un buen momento para respirar otros aires, activarme, estirarme y entrar en contacto con mi entorno. Cuando comencé a hacerlo hace un par de años, establecí una hora fija, un determinado número de kilómetros, una ruta, etc. Organicé todo de manera que encajara a la perfección en mi horario, y en mi entonces, cabeza de mentalidad cuadriculada. De pronto, cuando cambiaron las condiciones climáticas, hacer mi caminata como a mí me gustaba se comenzó a hacer cada vez más y más difícil. Me sentía frustrada y enojada porque habían cambiado cosas que no podía controlar. Por un tiempo simplemente preferí dejar de caminar y encerrarme.

Tiempo después, cuando comencé a conectar con mi yo cambiante, vino también la posibilidad de la flexibilidad. Entendí que disfruto caminar y no quiero dejar de hacerlo. Entendí que no siempre tengo que hacerlo a la misma hora, ni por la misma ruta, ni durante la misma cantidad de tiempo. Me permití salir en diferentes momentos, y me sorprendí descubriendo una ciudad distinta, cambiante según las horas del día, y hasta con diferentes climas. Me gustó encontrar espacios que no sabía que existían al buscar diferentes rutas. Lo que pasó, es que me dejé tentar por la flexibilidad y por el instinto natural de ser cambiante, y la vida, se encargó de mostrarme la manera de fluir y ser feliz con facilidad.

Imagen de Jon Flobrant, tomada de unsplash.com

Como con la caminata, comenzaron a pasar otras pequeñas cosas relacionadas con la vida práctica. Ahora sólo me escucho, me relaciono lo mejor que puedo con mi entorno y escojo la mejor forma de hacerlo. Esa es mi invitación: intenta conectarte con ese ser flexible y capaz de cambiar que tienes en tu interior. Si llegan cambios a tu vida (no tienen que ser sólo climáticos), haz el intento de adaptarte a ellos. Si se mueven tus rutinas, ¡adelante, crea unas nuevas!

No importa si esas rutinas van a servir para un corto periodo de tiempo, deja ir el mientras tanto. Porque incluso si van a servir para hacerte feliz sólo un ratico, va a haber válido la pena esforzarse por el cambio.

Piensa que no siempre los planes tienen que ser a largo plazo. Aunque suene a cliché, el mejor momento es ahora. Y ser capaces de vivir en sintonía con eso depende única y exclusivamente de nosotros mismos.

Aprender de los cambios, me ha confirmado una vez más, que todo es cuestión de elección. Y no me importa, si esa elección sólo va a durar por un corto tiempo. Estoy segura, que cuando todo vuelva a cambiar,  la vida (acompañada con una dosis de flexibilidad y reconocimiento de mi capacidad de cambio), me ayudará encontrar otra mejor elección. Un día a la vez, así de simple y así de poderoso.

16 comentarios en “Las maravillas del cambio y ser cambiantes

  1. ¡Cómo te entiendo! La rutina por muy organizada que sea pueda llegar a ocasionar agotamiento y estrés. Salirse de esa planificación perfecta te puede hacer sentir feliz, pasear a deshoras, sentarse a leer o ver una peli por que sí,… Como tú buen dices, la naturaleza es cambiante, y nosotros formamos parte de ella, porque ser tan rigurosos yendo contra nuestra propia naturaleza.
    Llevamos la organización a límites extremos y nos olvidamos de disfrutar de cada una de las actividades programadas. Si esto nos ocurre con las pequeñas cosas del día a día, los grandes cambios que mueven nuestros cimientos nos harán caer.

    • Lo que dices es un muy buen punto Carmen, aprender a fluir con las cosas pequeñas, nos ayudará también a recibir de mejor forma los grandes cambios. Porque algo de lo que no cabe duda, es que la vida está en constante movimiento 🙂

  2. Hola, Ana. A mí me cuesta mucho lo del cambio de rutinas e incluso no empiezo algunas si se que en poco tiempo voy a tener que cambiarlas. Me he visto muy reconocida en lo de las caminatas. Durante el verano las he estado haciendo por las tardes, cuando acababa de trabajar, pues la temperatura y la luz animaban a ello, pero con el cambio de hora lo he dejado porque ya no me cuadran en ese horario 🙁 El cambio de hora es algo que me afecta cada año y durante las primeras semanas siempre me siento “descolocada”. Habrá que poner más empeño en flexibilizarse. ¡Gracias por el post! Inspirador como siempre.

    • Entiendo tantísimo lo que dices. Esas primeras semanas siempre son las más difíciles. Por eso es ahí donde hay que poner mayor empeño. Verás que una vez superadas, todo comenzará a moverse más fácil y con gusto.

  3. En mi caso no hay casi rutinas. Las que hay son mínimas y creo que me gusta así, por eso el oficio que elegí también es muy cambiante. Pero cierto que se necesita un orden y ese es mi problema. Cómo encontrarlo y como seguir los planes sin distraerme y acabar haciendo algo diferente de lo originalmente previsto. Como dices hay que balancear. Y en eso estoy…

    • Así es, es importante encontrar puntos de balance. Entendiendo que no siempre serán los mismos. Habrá situaciones o momentos en los que ese balance será diferente al de otros. Ahí es donde debe aplicar la flexibilidad y nuestra capacidad de cambio.

  4. Ay Ana, mi vida es tan “cambiante” que añoro la calma muchísimo! Ciertamente es necesario ser flexible, en mi opinión las personas inflexibles se enquilosan y se quedan dobladas toda la vida. La adaptabilidad es sinónimo de supervivencia. Pero te digo de corazón, yo necesito adaptame un poco menos y enfocarme un poco mas. Mil besos y gracias por estas “maravillas del cambio”

    • Otra de las maravillas de ser parte de la naturaleza, es que todos somos diferentes. Si decidimos aceptarlo, podemos vivir en un mundo lleno de mágica diversidad. Por supuesto, eso nos acerca más fácil a tener enseñanzas con tan sólo observar la vida de quienes nos rodean. Estoy segura, que escucharte debe ser una maravillosa fuente de inspiración y aprendizaje para quienes hemos batallado con eso de aprender a soltarnos un poco en la vida.

  5. Mis padres me educaronde una forma muy cuadriculada y a medida que me he casado y he tenido mis propias experiencias he aprendido a adaptarme a todo tipo de situaciones. Es bonito saber amoldarse al momento y mirar mas allá de un simple prejuicio.

    • Así es, muchas veces, la vida misma se va encargando de ponernos frente a situaciones que nos llenan de enseñanza. Y sin querer queriendo, vamos aprendiendo a moldearnos y ser flexibles cuando se hace necesario.

  6. ¡Hola, guapa!
    Tu post toca algunas teclas fundamentales desde mi punto de vista para alcanzar la felicidad: aceptar el cambio y ser flexible. Yo trato de hacerlo, y en general, me resulta fácil. Me gusta que mi entorno cambie y trato de disfrutar de cada una de las estaciones y de lo que la vida me trae. Improviso constantemente porque mi cabeza a veces va más rápido que mis pies. Y desde luego, no me frustro si las cosas no salen como había planeado. Acepto y me dejo fluir. También te digo que con la mente tan dispersa que tengo las rutinas para mí son hasta necesarias, organizan mi caos. Un abrazo

    • Qué bonito lo que dices. Me comprueba que, definitivamente ser flexible es una parte muy importante de dejar fluir, de conectar con uno mismo y con su felicidad. Me encanta saber que en la vida podemos observar a personas como tú, que nos enseñan con su propia experiencia, como hacer eso que a otros nos cuesta tanto 🙂

  7. Que maravilla de lectura, cuantos propósitos positivos que llevar a cabo. Necesario un parón en el ritmo diario y observar, oler y apreciar lo que nos rodea contemplando la naturaleza. Gracias por recordármelo con tu lectura.

    • Me alegra mucho que la lectura te haya servido como recordatorio. Espero que tu parón en el ritmo, te permita también reconocerte como parte maravillosa de eso que nos rodea 🙂

  8. ¡Me han gustado mucho tus reflexiones! En mi caso me considero una persona flexible, pero aún así hay momentos, como describes muy bien, en los que se hace frustrante no poder hacer algo que disfrutas por cuestiones que no controlas. Creo que una parte muy importante es la aceptación de la realidad tal y como es, y ser capaz de adaptarse a ella y a los cambios que trae a nuestras rutinas lo más posible. Como tu dices, “dejarse fluir”

    • No siempre es fácil lograr esa aceptación, pero una vez que se logra es como si se mirara la vida (o al menos la situación) con otros ojos. Unos menos complicados y más felices. El secreto está en querer intentarlo una y otra vez 😉

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