Los niños y la meditación

Algo que me da mucho gusto, es que cada vez son más los adultos interesados en que los niños aprendan a meditar. Y muchísimo más gusto me da, que también vaya en aumento el número de jóvenes que, por decisión propia, deciden incluir la meditación en su vida. Eso me hace pensar que cada vez somos más y más numerosos y diversos, quienes nos sumamos a la lucha de tener un mejor presente. De hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

Es importante decir, que los niños por naturaleza saben muy bien como conectarse con su aquí y su ahora. El mindfulness es algo que todos los seres humanos traemos incorporado al nacer. Basta mirar un niño jugando para notar que está totalmente sumergido en su momento presente. No le importa su pasado ni su futuro. Tampoco está pensando en ninguna otra actividad. Está totalmente conectado con lo que está haciendo en ese lugar y en ese instante. A través de la educación y de acuerdo con nuestras prácticas culturales, los adultos nos encargamos de enseñarles a preocuparse por lo que viene y a pensar de más en lo que pasó.

Es por eso, que enseñarle a alguien a meditar desde su infancia puede resultar tan útil. Porque desde muy temprano va a estar entrenando su mente para seguir conectado con ese espacio sin tiempo. A través de la meditación podrá vivir una vida más plena. Podrá evitar perder su esencia y conservar esa conexión consigo mismo que todos traemos programada desde nuestro nacimiento. Y que con el paso del tiempo, podemos llegar a perder.

Las cosas buenas

La meditación es una práctica llena de beneficios tanto para los adultos como para los niños. Sus resultados pueden observarse tanto a nivel físico como emocional. Muchos de esos beneficios, pueden verse en que los niños reduzcan algunas de las enfermedades que los adultos les hemos contagiado. Tales como el estrés, la ansiedad o la falta de auto estima.

Por ejemplo, se sabe que los niños que meditan de forma regular pueden mejorar y aumentar su concentración, son más empáticos y compasivos, tienden a tener mejores relaciones personales, disminuyen sus episodios de hiperactividad, reducen su estrés y su ansiedad y mejoran su auto estima.

Otro gran beneficio de que los niños practiquen la meditación, es que ayudan a que la práctica se difunda en su entorno. Ellos son mucho más poderosos que los adultos para encargarse de enterar a todo el mundo de algo que les gusta. Algo que todos tenemos claro, o al menos deberíamos tener, es que la mejor forma de enseñarle a los niños es a través del ejemplo. Si estoy interesado en que mi hijo aprenda a meditar, lo mejor que puedo hacer es meditar junto a él. O si por el contrario, es mi hijo, el que ha aprendido primero a meditar y le ha gustado, insistirá mucho hasta que yo también lo haga. Porque los niños son insistentes e incansables cuando quieren compartir las cosas buenas.

Imagen de Guille Pozzi. Tomada de unsplash.com

Cómo hacerlo

Al meditar con niños puede ser útil valerse de varias de las técnicas y formas que existen para hacerlo. Las meditaciones activas, relacionadas con actividades como pintar o bailar suelen ser de sus favoritas. Sin embargo, y aunque parezca imposible de creer, los pequeños están abiertos a aprender a centrar su atención en la respiración. Tal vez no lo hagan por mucho tiempo, pero son muy capaces con el ejercicio y hasta les gusta. Además, 1 minuto (sí, tan sólo 1 minuto) de respiraciones profundas, practicadas diariamente, son una herramienta muy poderosa para nuestro bienestar.

Algunos expertos recomiendan comenzar con una práctica que oscile entre 1 y 3 minutos. Hay también quienes dicen, que se puede hacer un cálculo de 1 minuto por edad del niño. En cualquiera de los casos, lo más importante es hacerlo todos los días. También es importante probar. Todos somos diferentes y habrá algunos niños que disfrutarán el ejercicio por más tiempo que otros. También puede pasar que unos disfruten más algunas técnicas que otras.

Hago énfasis en la palabra disfrutar porque ese es un elemento que no se debe pasar por alto. Sin importar cuál sea la técnica que se escoja, o el tiempo que se decida ponerla en práctica, es bien importante que el niño esté a gusto y se divierta. Hay que hacer la posible porque se enamore de la meditación y quiera incorporarla en su vida. No se trata de imponerle como una obligación una actividad que le molesta. En eso, los niños y los adultos somos iguales. Si no nos gusta, abandonamos el proceso, llenos de malas emociones y sintiéndonos frustrados.

Tú conoces a tu hijo. Nadie mejor que tú para saber cómo llegarle. Confía en tí 🙂

Presta atención a sus gustos y diferencias

Si quieres enseñarle a meditar a tu hijo, puede serte muy útil utilizar sus gustos como punto de partida. También es importante tener en cuenta sus opiniones. Por ejemplo, si le gusta la naturaleza, invítalo a hacer ejercicios de respiración en espacios abiertos y al aire libre. Si es activo y le gustan las actividades deportivas, puedes invitarlo a incorporar unos cuantos minutos (también pueden ser unos cuantos segundos) de respiración profunda y consciente durante su práctica. Si tiene un espíritu musical, puedes utilizar la música durante las meditaciones, o enseñarles técnicas de meditación y danza. Las posibilidades son muchas y los mismos niños pueden ser nuestros maestros para escoger lo que les viene mejor.

También puede pasar que optes por una práctica en casa. Proponle que tengan un espacio específico para hacerlo. Enséñale que debe ser un lugar tranquilo, donde tengan el menor número de distracciones posibles, en el que les de gusto estar. Déjalo que te ayude con el diseño y la decoración del lugar. Eso hará que se sienta más cómodo y que le guste participar de la meditación.

Al final de cuentas, sin importar cómo o en dónde lo hagas, lo más importante es que le estás dando la posibilidad de utilizar una herramienta que le va a traer grandes beneficios a su vida. De paso, estás contribuyendo al bienestar de la humanidad.

4 comentarios en “Los niños y la meditación

  1. No puedo estar más de acuerdo, es tan bueno para ellos como para la humanidad entera, porque sólo podemos crear un mundo mejor desde cada uno de nosotros. No se puede esperar que ocurra desde fuera, todos tenemos esa responsabilidad. Hay colegios que dedican tiempo a la meditación y parece que van notando ya los beneficios.
    Por cierto, no sé si conoces Ho’oponopono. Es una técnica ancestral hawaiana muy fácil de usar, que nos enseña esa responsabilidad, así como a sentir el poder de la gratitud. Enseguida nos damos cuenta de cómo a nuestro alrededor todo cambia a mejor…
    Me alegra encontrar entradas que hablen de estos temas y más, dedicadas a los niños. Ellos son la esperanza del futuro
    Un saludo!!!

    • Hola Mónica, me alegra mucho que te haya gustado el post. Sí conozco el Hoóponpono, lo practico y lo enseño en mis clases de meditación. Tal como dices, es una muy buena herramienta para sanar ciertos aspectos de tu vida.

  2. Completamente de acuerdo con tu artículo. Me parece fundamental que los niños aprendan a parar, a mirar hacia adentro, a tener un rato consigo mismo para conocerse mejor. Es una herramienta para la vida. Es respirar los problemas y saber que en nosotros se halla la solución. En el colegio de mis hijos les han enseñado “el minuto mágico” y creo que es imprescindible darse cuenta de la cantidad de beneficios que trae consigo esta práctica.

    • Me encanta enterarme de que cada vez hay más colegios implementando técnicas de meditación para enseñarle a los niños sobre resolución de conflictos. Es esperanzador. Sobre todo porque, como lo digo en mi post, se que la influencia de los niños es muy fuerte y poderosa. Así que no nos aseguran un mejor futuro, sino que desde ya, desde el presente, están ayudándonos a tener un mundo mejor 🙂

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