Todos somos maravillosa y mágicamente diferentes

Creo que es la frase que con más frecuencia repito en este trabajo que tanto quiero y me gusta. Que todos somos diferentes es algo en lo que creo profundamente. Así como también creo, que reconocer esa diferencia es algo crucial a la hora de hablar de una vida saludable.

Hace algún tiempo, escribí un post sobre la capacidad que tenemos de ser variables y adaptarnos. De fluir con nuestro entorno y según nuestras condiciones particulares. Hoy quiero centrarme en esa característica que tenemos los seres humanos de ser diferentes, únicos, originales… Eso que nos hace maravillosamente mágicos.

Entender que somos diferentes y saber cuáles son esas cosas en las que funcionamos distinto a los demás, nos convierte en seres especiales. Ese concepto en si mismo ya me parece maravilloso. Esta cargado de mucho poder energético y emocional. Pero además, si lo llevamos a la vida práctica, vamos a estar en capacidad de encontrar ese aspecto puntual que puede asegurar el llevar con éxito una vida saludable.

Las fórmulas mágicas

En este loco y acelerado mundo en el que vivimos, encontramos fórmulas mágicas por todos lados. Nos aseguran que existen recetas milagrosas, en casi cualquier aspecto de nuestra vida. Sabemos de revoltijos y rituales para perder peso, para tener más pelo, para ser más eficientes, para ganar más dinero, para desintoxicarnos, para aumentar masa muscular … La lista puede ser tan larga como deseos o necesidades busquemos.

El problema con esas fórmulas mágicas, es que de entrada están anulando nuestra individualidad. Antes de arrancar nos están diciendo que no somos únicos. Que la misma receta funciona para todos. Eso no sólo me parece triste. Creo que también es completamente absurdo.

Es cierto que estamos acostumbrados a los medicamentos. Por lo general ellos están diseñados para tratar una misma enfermedad en todas las personas. Supongo que por eso pretendemos que las fórmulas mágicas que se venden como “naturales” o “saludables”, funcionen de la misma manera. Pero se nos olvida que los medicamentos también pueden tener efectos secundarios. Que no todo el mundo los asimila o los tolera de la misma manera. Incluso algo que parece ser tan general para todos como los compuestos químicos y sintéticos, nos recuerda que todos somos diferentes.

Imagen de Hybrid. Tomada de unsplash.com

Las ventajas

Espero que hasta aquí ya esté muy claro que somos diferentes. Ahora, hablemos de las ventajas que eso trae a la hora de adentrarse en el mundo saludable.

Reconocer que somos únicos y diferentes, hace que actuemos en consecuencia. De esa manera, cuando diseñamos estrategias para cambiar o mejorar nuestros hábitos, tenemos que hacerlo de forma individual. Es fascinante comenzar a encontrar esos pequeños detalles que hacen que algo que parece difícil y aburrido, se convierta en parte esencial de nuestro día a día.

Para poder lograr eso, es necesario conocernos, o en algunos casos re-conocernos. Comenzamos a recuperar la conexión perdida con nosotros mismos. Esa que la vida “normal” nos obliga a perder para encajar. Es ahí cuando me pregunto, ¿en qué sociedad es en la que queremos encajar? En una que nos obliga a opacar nuestro brillo para que todos parezcamos iguales.

Recuperar la consciencia de nuestra diferencia, nos ayuda a ver la vida con otros ojos. Lo mejor de todo es que, aunque tal vez comencemos a cambiar muchas acciones en nuestra cotidianidad, sabemos de corazón, que lo que realmente está cambiando y mejorando es el alma.

Poder pararme frente al mundo, asumiendo y aceptando mis diferencias es algo realmente satisfactorio. Ya no se lucha por tratar de encajar en un modelo socialmente pre establecido. Tampoco importa no alcanzar los objetivos o ideales de otros. Cuando entiendo que soy único, entiendo también que puedo encajar en MI mundo a mi propia medida. Una que yo mismo puedo construir, de acuerdo a mis gustos, mis necesidades, mis particularidades.

Es tu decisión la forma en la que quieres mirar el mundo y a los demás. Sólo tú decides si quieres encajar, aunque sea a la fuerza, en los patrones que nos imponen. O si prefieres descubrir tu luz propia y brillar con ella. Al fin y al cabo, todo es cuestión de elección.

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